La casa de los padres de Lionel Scaloni en la localidad santafecina de Pujato, ubicada a poco menos de 300 kilómetros de la ciudad de Laboulaye, se ha convertido en un lugar de peregrinación para cientos de argentinos.
El director técnico de la Selección subcampeona del Mundial 2026 recibe el afecto de personas que llegan desde muchísimas partes del país a partir del primer momento en que arribó al domicilio.
El arquitecto de la “Scalonetta”, que alzó la Copa del Mundo en Qatar 2022, es objeto de una verdadera veneración de parte de los hinchas; y, como si se tratara de una deidad encarnada, le ofrendan de todo: abrazos, agradecimientos, banderas, bebidas, besos, camisetas, canciones, frutas, golosinas, juguetes simbólicos, pedidos de que continúe al frente del conjunto nacional, murales entre otros obsequios y reconocimientos.
Él retribuye con la máxima generosidad posible: se abraza, se saca fotos, firma autógrafos, alza bebés, levanta niños; se reúne con veteranos de la Guerra de Malvinas; se emociona; ríe, llora…
Una locura.
Entre los fanáticos del entrenador se encontró un laboulayense que obtuvo un registro inolvidable.
Su nombre es Raúl Moyano, quien actualmente reside en la localidad de Jovita y estuvo en Pujato junto a Scaloni, donde miles querríamos estar: para darle gracias, pedirle que se quede y siga transmitiendo cosas que van más allá del fútbol; cosas que son para la vida y la eternidad.
“Seguiremos dando batalla”, dijo el DT apenas pisado su pueblo natal, una frase más de su rico legado, patrimonio de la argentinidad y que podría resumir el sentimiento de millones de compatriotas que se abren paso y resurgen a través de las dificultades.
Felicidades, Raúl, por este enorme testimonio, digno del póster del ídolo.