El hombre que guió a Laboulaye Hubo un hombre que guió a la ciudad de Laboulaye en una de sus horas más oscuras. Su nombre es sinónimo de
liderazgo y trasciende el nivel institucional o político; se ubica en un plano
legendario con respecto a esa situación dramática, que pudo ser devastadora y amenazó con romper el tejido social de una comunidad.
La figura del ex intendente
Néstor Antonio "Minino" Garimanno está
indisolublemente unida a la gesta de la construcción de la muralla que nos salvó de la gran inundación en el año 2001, en aquel final de octubre y comienzo de noviembre, cuando la masa negra de agua acechaba a nuestro pueblo, asediándolo, a punto de asaltarlo.
Una
postal icónica obtenida por el fotógrafo
Omar Cabarero lo muestra con un pañuelo atado sobre la cabeza, con un rostro cansado que, sin embargo, mantiene el enfoque y la resolución de llevar a cabo el trabajo que significó, ni más ni menos, que la
supervivencia comunitaria.
La defensa del pueblo en palabras de Minino En una entrevista concedida a
Nexos del Sur unos días antes del aniversario 15 de lo que se reconoce y conmemora oficialmente hoy como el
Día de la Muralla, establecido el 3 de noviembre, el ex mandatario dejó dos significativas definiciones acerca del sentimiento que le producía evocar aquella hazaña:
«Fue una cosa hermosa, más allá de los pequeños y desagradables hechos que siempre hay. Hoy reflexiono que, de todos los que pudieron estar, algunos no estuvieron por distintas razones. Algunos lo tomaron como cosa partidaria o del intendente. Creo que esa gente pobre de espíritu se perdió ese acontecimiento único en la historia de Laboulaye».
«Quien haya tenido la oportunidad de participar y de estar ahí con sus conciudadanos se siente gratificado. Y me pregunto: aquellos que no quisieron ir, ¿qué les dicen a sus hijos cuando les preguntan si estuvieron?».
Para Garimanno fue una batalla en la que él, obligado por las circunstancias, debió asumir el mando de vecinos voluntarios, reclutados sin tener en cuenta horarios ni afiliación política o fe religiosa, y con ellos
organizar la defensa del pueblo.
Y estuvo a la altura de reto semejante. La prueba irrefutable de ello es que estamos aquí, la ciudad vio el amanecer, su población permaneció de pie.
Seguimos hablando de este tema. Dialogamos con la historia.
El recuerdo del «Comandante» Martín Erregarena, actual secretario de Gobierno municipal y amigo de Minino, al igual que participe, rememoró a aquel líder y, notoriamente emocionado, manifestó:
«Siempre vamos a recordar e imaginar a un tipo con pantalones, camisa y un pañuelito en la cabeza, mirando con cara pensativa y diciendo —o pensando, supongo yo—: “¿Cuándo irá a terminar este flagelo?”».
«Sé muy profundamente que esta gesta le tocó el alma. Pero lo que le tocó el alma no fue la gesta ni lo que él hizo, sino la devolución que recibió del pueblo de Laboulaye ante el agua que venía».
Garimanno falleció a mediados de febrero de 2026. Tenía 77 años. Quizás, también, se encuentra
ascendiendo a una escala mítica en la memoria colectiva local.
Sus camaradas y amigos del Centro de Veteranos de Guerra "Islas Malvinas" lo llamaban "c
omandante".
Lo fue también para Laboulaye, cuando la ciudad en la que vivía y a la que amaba, y en la que dejó un inolvidable legado de autotrascendencia, necesito uno.
Imagen de portada generada a través de IA.