31 de octubre de 2026
Halloween en Laboulaye: entre las tradiciones, los prejuicios y las ganas de jugar
Cada 31 de octubre se celebra Halloween, también conocida como la Noche de Brujas, una festividad cuyos orígenes se remontan a antiguas tradiciones celtas y que, con el paso del tiempo, se transformó en una celebración popular caracterizada por disfraces, golosinas y diversión. En Argentina, y particularmente en ciudades como Laboulaye, esta fecha despierta cada vez más interés entre los niños, aunque también genera debates sobre las costumbres extranjeras y las creencias religiosas.
¿Por qué los chicos argentinos quieren festejar Halloween? La respuesta es sencilla: crecen en un mundo conectado, donde las películas, los dibujos animados y las redes sociales les muestran celebraciones de diferentes culturas. Para ellos, Halloween representa una oportunidad para disfrazarse, compartir con amigos, pedir golosinas y vivir una experiencia diferente. No se trata necesariamente de adoptar una tradición extranjera, sino simplemente de jugar y divertirse.
Sin embargo, cada año surgen cuestionamientos que relacionan esta celebración con el “cipayismo”, la pérdida de identidad nacional o determinadas creencias religiosas. Más allá de las opiniones personales, vale preguntarse si una fiesta infantil debe convertirse en motivo de enfrentamiento. Disfrazarse o pedir caramelos no significa renunciar a nuestras tradiciones ni modificar nuestras creencias. Cada familia tiene derecho a participar o no, sin imponer su postura a los demás.
En una comunidad como Laboulaye, Halloween puede convertirse en una oportunidad para fomentar la convivencia y el encuentro entre vecinos. Los comercios y las familias que deseen sumarse pueden hacerlo, mientras que quienes prefieran no participar merecen el mismo respeto. Lo importante es garantizar que los niños puedan disfrutar de manera segura, acompañados por adultos y respetando a los demás.
Quizás el verdadero desafío como sociedad sea aprender a respetar aquello que otros disfrutan, aunque no forme parte de nuestras propias costumbres. Porque detrás de los disfraces y las bolsas de golosinas hay algo mucho más simple: niños que quieren jugar, divertirse y construir recuerdos felices. Y tal vez, antes de convertir esa ilusión en una discusión entre adultos, lo mejor sea dejarlos disfrutar.
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