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13 de mayo de 2024

Laboulaye. Homenaje a Vilma Frontera y su carrera docente: "Ser maestra rural es una experiencia inigualable"

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La tarea de las maestras rurales es muy particular dentro del mundo de la docencia. Muchas veces los educadores tienen que vivir la semana laborable en el campo o viajar todos los días a la escuela, cuando por lo general las combinaciones no son muy frecuentes. Los días de lluvia tienen que atravesar caminos de difícil tránsito, muchos de ellos recorriendo hasta 50 kilómetros diarios.

Las docentes de las escuelas rurales dan clases de matemática, plástica, geografía, música, historia, educación física, etc.; todo lo hacen con una gran dedicación y se quedan con la satisfacción de hacer lo correcto, en un ambiente donde predomina la cordialidad tanto de alumnos como de sus padres.

Este es el caso de Vilma Nancy Frontera, una docente de Laboulaye, que bien puede representar la tarea de muchas docentes rurales de la zona.

Vilma estudió en el Instituto “San José” de Laboulaye y formó parte de una de las últimas promociones de Maestra Nacional Normal.

A poco de su egreso, en el año 1960, empezó a trabajar en la Estancia La Emilia ”para dar clases a los hijos de los puesteros”, y en calidad de educación particular.

“En ese entonces en la Estancia había muchos puestos”, relató Vilma, confirmando que eran muchos los niños que necesitaban la formación primaria. La estancia La Emilia está ubicada a 47 kilómetros al noroeste de la localidad de La Cesira.

“Inauguré así una escuela, con los hijos de los puesteros de la estancia; le pusimos de nombre Remedios de Escalada”, que en 1967 fue oficializada por la Resolución Nº 859 serie D, nombrándose a la Srta. María del Valle Villalba como directora titular.

“Viví en la Estancia”, continuó contando la maestra retirada que hoy es presidenta de la Cooperadora del Hospital “Ramón J. Cárcano”. “Era una pequeña comunidad”, en donde le tocó educar a alumnos que comenzaban primer grado.

Vilma vivía en la estancia de lunes a viernes; y el viernes, al finalizar la jornada, regresaba a Laboulaye.

“Allí tuve un año hermoso, en el que aprendí muchas cosas del campo”, añadió, recordando con mucho cariño a sus exalumnos, con algunos de los cuales hasta la actualidad todavía mantiene relación de amistad.

“Yo era la maestra de manualidades, educación física, música y matemática”, explicó sobre su profesión en el ámbito rural.

Luego de dictar clases por un año en la estancia La Emilia, Vilma Frontera fue llamada por la Cooperadora de la Escuela Nacional Nº 105 de Villa Rossi y en 1961 inició el dictado de clases en esa localidad.

Durante los días laborables, vivió en una pensión en esa población, mientras que la directora vivía en el colegio con sus hijos, como se estilaba en aquellos años.

“Éramos solamente tres maestras. La señora Margarita Martinengo de Novoa, la señora de Germani y yo”, comentó la educadora.

“Allí viví cuatro años”, señaló, agregando: “La pasé muy bien, era un pueblo sumamente agradable y familiar, hice muchos amigos que aún hoy conservo”.

“En ese tiempo los caminos eran de tierra y los medios de transporte, escasos. Generalmente me iba todos los lunes; a las cuatro de la mañana salíamos de Laboulaye, en el camión lechero”, que pasaba por todos los tambos entre Laboulaye y Villa Rossi, por lo cual Vilma y el chofer llegaban a las once de la mañana.

“Teníamos que entrar en cada tambo para transportar los tachos de leche”, remarcó Vilma, dando cuenta de la proeza que realizaba cada lunes. El chofer se bajaba a levantar los tachos, pero antes controlaba el nivel de grasa de la leche y “yo anotaba todo en una pequeña libreta”, recordó.

“El volver a la ciudad era más complicado”, sostuvo. Preguntaba a los pobladores si tenían algún familiar que viajara a Laboulaye, o si algún comercio iba a recibir algún viajante. Si nadie viajaba a la ciudad, lo que hacía era sentarse en la cuneta a esperar que pasara algún vehículo, y siempre “alguien me transportaba hasta Laboulaye”.

Luego de cuatro años de trabajar en Villa Rossi, volvió a la cabecera departamental y ocupó una suplencia en la escuela Conrado Villegas. Una vez terminada, resultó nombrada “maestra titular en Guardia Vieja”.

La directora del establecimiento educativo “Almafuerte” de Guardia Vieja era Rosa Páez y Vilma fue docente en Guardia Vieja durante tres años aproximadamente.
“Ser maestra rural es una experiencia inigualable. Hay maestras que tienen la suerte de vivirla, otras no”, dijo sobre esta noble y muy valorable profesión. “La relación con los chicos y los padres es espléndida. Está cargada de respeto, de amistad y se comparten cosas muy lindas”, subrayó.

Pero revisando aún más detalladamente la labor, llegó a la conclusión de que “es una de las tareas que está un poco olvidada”, aunque sin resignación añadió que le gustaría “que las maestras rurales se animaran a tener más presencia”, en referencia a visibilizar una labor de mujeres orquesta, es decir, multifuncionales y súper dedicadas.

Vilma es hija de Martina Orozco y José Bernardo Frontera. Su papá es oriundo de Bolívar (Buenos Aires) y se conoció con Martina en La Paz, Mendoza. Luego, José Bernardo encontró trabajo en el Ferrocarril, y lo trasladaron a Laboulaye. Ambos están sepultados en el cementerio Jesús Redentor.

“Mi papá y mi mamá fueron los ejemplos que yo seguí”, comentó con mucho orgullo. Mi papá “pidiéndonos siempre que estudiáramos; mi mamá vivió criando cinco hijos, haciendo la huerta, cociendo y todo. Ellos fueron mis ejemplos, los ejemplos más grandes”, afirmó la docente.

José Bernardo, en su lecho de muerte, la llamó a Vilma (una niña que tenía 10 años) a su lado y le pidió “que cuidara a mi mamá, que fuera buena y que fuera maestra”.

Vilma además tiene tres hijos; uno de ellos es asesor de industrias lácteas; la hija mayor es médica; la menor, abogada; fue vicedirectora y maestra de la escuela “Roque Sáenz Peña” al momento de jubilarse; es integrante de la Biblioteca “Juan Bautista Alberdi”; tuvo una gran participación en la creación y crecimiento de la Unión de Educadores de la Provincia de Córdoba (UEPC), donde fue secretaria adjunta; forma parte de la Capilla “San Antonio” y “ayudo a todo el que esté en mis manos ayudar”, cerró.

Desde niña, tomó como ejemplo a sus padres, para dar los pasos de lo que luego sería su vida adulta. Bien podríamos nosotros también hacer lo propio con el ejemplo de Vilma Nancy Frontera: una persona capaz, trabajadora, honesta y perseverante, que a sus 82 años sigue soñando con nuevos proyectos.


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