Fueron muchos los comentarios que acompañaron la publicación del artículo que revisitaba el hoy conocido como “Informe Gontero”, el cual daba cuenta del avistamiento de una supuesta nave y seres extraterrestres por parte de tres jóvenes en un campo muy próximo a Laboulaye, a unos cinco kilómetros al noroeste, en la tremenda noche del 2 de diciembre de 1991.
Hubo de todo: familiares y amigos de los chicos que observaron el fenómeno, que acreditaron el suceso; escépticos que negaron categórica, encarnizada y plausiblemente el hecho; contemporáneos que lo ratificaron o, al menos, que tenían alguna versión o rumor parcial del caso; gente que pensó que los redactores tanto del Informe como de su memoria estaban locos o quizás consumiendo una o varias sustancias alucinógenas.
De todas maneras la repercusión general que tuvo nos obliga a publicar una segunda entrega, que resumirá el impacto posterior al encuentro cercano humano–alienígena, el cual, como se dijo precedentemente, excedió el ámbito local y nacional.
I
Aproximadamente a las 5:30 de esa aciaga madrugada la “luz” desapareció y, con ella, los 15 seres que habían deambulado en el establecimiento rural.
Los jóvenes contaron lo ocurrido a sus padres y al propietario, quienes a su vez se comunicaron con Gontero, el que se dirigió al lugar junto a un colaborador y un abogado, pero no observaron “huellas” del avistamiento.
No obstante, los chicos afirmaron que tres días después del contacto “vieron el pasto aplastado justo donde habría estado la nave”.
Además agregaron que las vacas no se atrevían a ingresar al “círculo” marcado en la hierba.
II
Sin embargo, la investigación no concluyó ahí: a diez jornadas posteriores los investigadores locales del fenómeno OVNI encontraron una “huella” de un pequeño pie “en un excremento de vaca, de unos 13 centímetros de largo por 4 centímetros de ancho en la parte del talón”.
Previo a ese día había llovido de manera abundante, por lo que la investigación debió suspenderse y probablemente esas precipitaciones hayan diluido más pruebas, más pisadas.
La huella tenía tres dedos pero fue pisada por un vacuno en la parte de la punta en la mañana del encuentro y “se perdió este importante detalle”.
El ufólogo consultó con un reconocido bioquímico de Laboulaye, quien, entre otros detalles, dijo que la pisada resultó producto de “un calzado no convencional y muy ajustado al pie”.
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Hasta aquí la segunda entrega. Podría haber una tercera si el público así lo dictamina.
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Imagen a modo de ilustración.